Gestos V: Procesos de Singularización

29 Jul 2026

Por Fran Stella

Un contexto mineral

Esta quinta edición de la serie de notas titulada “Gestos de la astrología”, que también podríamos nombrar como fase V de un proceso de problematización de este lenguaje, se propone reflexionar acerca del símbolo del Sol. Dentro de las tradiciones astrológicas, el Sol, como función de un sistema, puede entenderse en varias dimensiones: como la imagen cristalizada o representación que tenemos de aquello que somos; en tanto estructura psíquica que nos organiza —el “yo” psicológico— o como fuente de vitalidad direccionada. Me interesa hacer foco en esto último por la relación que guarda con el Sol percibido desde la astronomía: ese cuerpo celeste que combustiona continuamente, liberando energía en forma de luz y calor, pero además, se desplaza con una dirección definida a través del espacio y organiza alrededor de ese eje el movimiento del Sistema Solar entero. Es decir, además de “centralizar”, el Sol “direcciona”. ¿Deviene, quizás?

Para muchas tradiciones astrológicas, el metal que se corresponde vibratoriamente con el Sol es el oro. Su baja reactividad química lo vuelve casi incapaz de verse modificado por las condiciones que lo rodean: no importa la temperatura, la acidez o la humedad del ambiente, el oro “permanece igual a sí mismo”. Esta característica material sostiene gran parte de las lecturas simbólicas del Sol en tradiciones esotéricas. 

Al mismo tiempo, el oro en tanto metal ha sido el primer respaldo internacional conforme el Capitalismo fue instaurándose como paradigma y episteme dominante hacia fines del siglo XIX. Aún antes de la sistematización del sistema financiero y de acumulación de capital, este metal precioso fue vector de fuerza para la constitución de la hegemonía europea a través del genocidio. La extracción de metales, muchas veces incomprendida por los pueblos originarios del continente americano por su falta de relación con un proceso ritual ligado al tiempo/espacio1, implicó no solo la minería sino todo un complejo sistema de violencia cultural que definió lo diferente en los términos que la modernidad europea necesitó para delimitar su propio rostro frente al espejo. 

Al igual que el Sol, la plata —ese mineral reflectivo con el que fabricamos espejos durante mucho tiempo— también se inscribe en la historia de nuestro continente como un vector de fuerza disciplinador orientado hacia la acumulación de riqueza desterritorializada. De modo que oro y plata, Sol y Luna, entendidos también como los símbolos que dan cuenta de una parte de la conformación de nuestra identidad, aparentemente son inseparables, en términos históricos, de la constitución de la hegemonía del capital. ¿Existe alguna relación de isomorfismo entre el modo de acumular del capital y nuestros psiquismos?

Hoy en día parecería que los espejos en los que nos observamos están hechos de litio. Aunque parezcan inmateriales, la proliferación de imágenes en la imagósfera digital es posible por el hardware que las sostiene y que funciona a base de este mineral. En el vínculo con ellas, algo se vuelve a inscribir en nuestras estructuras psicocorporales: el patrón Sol-Luna u Oro-Plata como único modo de subjetivación. Acumulamos identidad o sensación de yo al mismo tiempo que permanecemos aislados, envueltos en los reflejos que “los espejitos de colores” nos devuelven. El oro, ese horizonte que definió la tradición alquímica occidental es también el paradigma cultural del mundo globalizado en el que la identidad se vuelve al mismo tiempo piso y techo. 

A partir de este isomorfismo —el capital acumulando riqueza en el nivel macro y la identidad acumulando sensación de yo en el plano personal—, podemos empezar a preguntarnos por el horizonte del trabajo con la astrología y el rol del Sol dentro del sistema. Pero vayamos un poco más profundo, en un viaje que nos lleva de este mineral precioso a la simple tierra.

Cultivar de otros modos

En algunos contextos astrológicos, es usual escuchar hablar de “surcos”, en referencia a los caminos arquetípicos que vienen siguiendo las imágenes o los símbolos colectivos desde hace miles de años y que hicieron posible su emergencia y su llegada a nosotrxs. Aún hoy, cuando la astrología se nos presenta de forma desterritorializada y en su versión hegemónica europeizada, recurrimos a una imagen que proviene del cultivo para referirnos a los arquetipos. Como un bucle que desde sus orígenes irrumpe en la contemporaneidad, la estrecha relación entre el cielo y el trabajo de la tierra se hace presente muchas veces más allá de nuestra voluntad. El surco, esa incisión recta en el suelo que realiza el arado y que permite serializar el sembrado de semillas, marca un antes y un después en la capacidad de algunxs humanxs para optimizar el trabajo de la tierra, es decir, la producción de alimentos para la reproducción de la vida. El surco no solo implica un complejo entramado de desarrollo de la técnica, sino que produce tecnología a su vez: esas líneas rectas que los arquetipos vienen siguiendo desde hace miles de años, tan repetidas que, como la heterosexualidad, se vuelven invisibles y se nos aparecen como naturales.

Estas reflexiones permiten hacer foco minucioso en el isomorfismo entre Matriz Arquetípica y Matriz Productiva. Por lo tanto, es importante poder desnaturalizar el devenir del inconsciente colectivo y de las imágenes arquetípicas. Tampoco es una idea mía innovadora: el inconsciente colonial capitalístico cobró forma de la mano de autores como Deleuze y Guattari, Suely Rolnik y Paul Preciado, entre otrxs2

Desde acá, la importancia de acercarle a este lenguaje con el que estamos tan comprometidxs la oportunidad de dejar de ser como el oro, y dejarse afectar por los saberes que muchos cuerpos del mundo vienen produciendo. De poder asumir la astrología como una tecnología también normativa que define lo universal, que investiga los arquetipos como si estos fueran estructuras naturales. De convocarnos a tomar responsabilidad a la hora de trabajar con este lenguaje aunque nos incomode asumirnos en lo que, en palabras de Silvia Rivera Cusicanqui, podríamos llamar “double bind astrológico3”: queremos usarlo para la inteligencia planetaria y para comprender la diferencia vincular en otros términos, pero es también un lenguaje colonizador que, sin darnos cuenta, también puede llevarnos a perseguir el “oro de la evolución”, esa liturgia inaugurada por la Modernidad y su definición del tiempo histórico como una flecha que avanza hacia un objetivo de modo progresivo y que también se inscribe en nuestros cerebros como un anhelo de “progreso del Yo”.

Algunas distinciones importantes

La potencia de deschavar los lazos coloniales que hacen que el lenguaje astrológico funcione es que nos permite empezar a pensar cómo re-territorializar el lenguaje. En los cuerpos celestes reales, pero también en el humus, la tierra, el suelo desde el cual es usado. De tomarlo cada vez más como un lenguaje humano y menos como un lenguaje sagrado, devolviéndolo a la esfera económica y política de la que también es parte para que pueda dejar de ser como el oro y sea capaz de reaccionar a las condiciones ambiente que tantas ramas del saber humano y no humano producen desde hace décadas. Pero, en simultáneo a ese proceso panorámico, estas preguntas implican que lxs astrólogxs atendamos de cerca qué palabras usamos al hablar el lenguaje. Que definamos metodologías y objetivos de trabajo en nuestros espacios de consulta. Que le demos forma desde el territorio de cada quien a un abordaje situado en el espacio/tiempo que nos toca vivir.

Un aporte puede ser pensar en términos de procesos de singularización4. Deleuze y Guattari distinguen los procesos de singularización de los modos de producción de subjetividad del capitalismo mundial integrado que producen identidad valiéndose de múltiples estructuras: la familia, la escuela, la iglesia, pero también los medios de comunicación masiva, la industria cinematográfica, la industria alimenticia. 

Pensar la astrología como un dispositivo de interferencia nos permite pensar en la consulta como un espacio/tiempo en donde el vínculo entre astrólogx y consultante interrumpa la producción de subjetividad del capitalismo para habilitar una instancia diferente. Si a través de la conversación y la escucha amorosa aparece tanto en lx astrólogx como lx consultante la posibilidad de observar los modos en que nuestros anhelos y deseos están codificados por imágenes serializadas, quizás también podamos inaugurar breves momentos de suspensión. Des-identificarse de las imágenes arquetípicas constituye un momento sumamente cuir, independientemente de la identidad genérica y política de las personas involucradas. Del mismo modo, también ampliar el repertorio de imágenes puede serlo: no es lo mismo que un cuerpo que el sistema lee como “femenino” organice su trayectoria de vida alrededor de la imagen del Guerrero que que lo haga un cuerpo leído como “masculino”. Cada vez que un cuerpo gestante no cis lleva adelante el deseo de gestar, se inscribe en el verdadero surco, el que dejamos las vidas humanas, una marca que, cual mojón en un camino largo, constituye un precedente para los cuerpos por venir. Podríamos pensar que se invierte la célebre premisa de la astrología para devolvernos su verdadero potencial: “Como es abajo es arriba”. Enunciada de este modo, podemos apostar a que las formas nuevas —como nuevas coordenadas deseantes en la cartografía del mundo— generan vibración. ¿Cuántas vidas torcidas y desviadas hacen falta para que se transformen las imágenes arquetípicas? Es imposible saberlo.

Sí podemos destacar algunos momentos concretos en que acontecen desvíos: cuando no ofrecemos a lxs consultante ni un atajo al lugar que calma ni el puente hacia el lugar conocido; cuando en esos momentos como astrólogxs también nos asomamos a ese abismo; cuando el amor y la ternura entre consultante-astrólogx sostiene eso momentos de incomodidad; cuando decidimos asumir en nuestros cuerpos el desfasaje respecto de una imagen arquetípica; cuando asumimos en nuestros cuerpos deseos contradictorios entre sí; cuando nos animamos a frustrar el anhelo de evolución del yo; cuando usamos palabras que resignifican las ideas de luz y oscuridad y bien y mal de modos más ambiguos; cuando nos acordamos que para que una crisis represente una oportunidad ciertas necesidades básicas deben estar cubiertas; cuando nos avergonzamos como astrólogxs por el modo en que a veces definimos demasiado las cosas por adelantado y las etiquetamos de modos excluyentes y poco creativos; cada vez que dejamos que sea lx consultante quien hable antes de mapear y devolverle información sobre su vida; cada vez que la astrología nos permite desarmar falsas disyuntivas excluyentes que transforman la experiencia en el mundo en callejones sin salida binarios; cada vez que recordamos que este lenguaje y sus imágenes también llegaron a estos suelos en barco.

En todos esos momentos, múltiples desvíos están operando en simultáneo. La astrología se desvía del surco que viene siguiendo en tanto lenguaje; consultante y astrólogx se desvían de las direcciones que cada quien viene siguiendo y que, de no ser por el vínculo con unx otrx, no podríamosh hacer a solas; las imágenes arquetípicas son presionadas para transformarse en otra cosa distinta a lo que son, para incluir algo que hasta entonces no incluían: un guerrero que también puede sentir a lx otrx, un cuerpo gestante que no es mujer. 

Nos calma saber quiénes somos, “conocernos a nosotrxs mismxs”. Nos calma la producción de subjetividad serializada del capitalismo porque nos ahorra trabajo incómodo y nos orienta. Lo paradójico es que, a la vez, resulta incómoda, en tanto nos deja sin aquello que los procesos de singularización entrañan: la posibilidad de responder de maneras más amorosas y creativas e inesperadas a los desafíos de un mundo que también necesita desviarse del camino que viene siguiendo.


  1. Para ver más sobre esto véase Silvia River Cusicanqui, “Un mundo ch’ixi es posible”, p. 68, Ediciones Tinta Limón, 2020. ↩︎
  2. Para ver más sobre esto, puede consultarse Suely Rolnik, “Esferas de la insurrección”, p. 25., Ediciones Tinta Limón, 2021; Félix Guattari y Suely Rolnik, “Micropolítica: cartografías del deseo”, Ediciones Tinta Limón, 2019. ↩︎
  3. Silvia Rivera Cusicanqui relaciona su noción ch’ixi, de abigarramiento en tensión, contradictorio, con la idea de doble vínculo batesoniano como un modo de situar en territorio latinoamericano una idea proveniente de Europa.  ↩︎
  4. Para ver más puede consultarse Félix Guattari y Suely Rolni, “Micropolítica: cartografías del deseo”, p. 25, Ediciones Tinta Limón 2019. ↩︎

Fran Stella (Buenos Aires, 1993) es artista contemporáneo y astrólogo. Aplica lógicas propias de la inteligencia vincular, la terapia psicocorporal y los lenguajes simbólicos a la producción artística contemporánea. Al mismo tiempo, aplica herramientas y categorías propias del análisis artístico para problematizar la astrología como lenguaje. Investiga astrología desde una mirada cuir y poscolonial. Acompaña procesos vitales y creativos individuales y grupales. Se formó en CASA XI y en la Escuela de Mariano Quintas.  

Si te gustó este artículo y deseas hacer una donación, haz clic en el botón de abajo para ir a PayPal.