Por Manuel Ignacio Quiles
Reflexionando sobre el comer y los signos astrológicos, me deparé con una configuración que he dado en llamar “el Ancla de la Tierra”, una figura de cometa o barrilete (Huber) de aspectos naturales entre Tauro, Cáncer, Virgo y Capricornio, el gran trino de Tierra junto con un triángulo menor acoplado, que se impone como fundante del tema de la alimentación, y con él, de todos los asuntos del planeta Tierra.

Comer es el acto humano más básico de todos, la conducta humana que rige la historia, la economía y el destino de la humanidad, porque las primeras herramientas y progresos humanos que nos distinguen de los animales (el “homo habilis”) fueron precisamente aquellas para la obtención de alimentos: el dominio del fuego, los cuchillos, el arco y las flechas, los morteros, los cuencos y las cazuelas. Y porque la primera revolución tecnológica que cambió la historia humana fue justamente la agricultura y la domesticación de animales (comestibles). Toda la economía humana se mueve a partir de la obtención, distribución y el consumo de los alimentos, y todas las culturas se construyen a partir de las costumbres sobre las comidas: qué, cómo, cuánto, cuándo y con quién comemos.
Es clásico atribuir el gusto por la comida a Tauro, pero en un segundo movimiento reflexivo nos encontramos con la nutrición básica de Cáncer, y enseguida hallamos a Virgo con sus prácticas de salud a través de la dietética. Por fin, Capricornio, al mismo tiempo que nos muestra la sociedad como omnipresente en todo acto alimenticio, nos hace reflexionar sobre la pura necesidad del hambre natural. Veamos en detalle las partes de la configuración:
Tauro: este signo ha estado siempre ligado a la culinaria y a la gastronomía, que pueden ser artes, porque Tauro ama comer y goza cuando come. Tauro rige los labios, la boca, la lengua, las glándulas salivales, la garganta y las papilas gustativas y olfativas que son la base de los cinco sabores: lo dulce, lo salado, lo amargo, lo ácido-agrio y lo umami. Tauro es conocido por su constante apetito, lo que incluye la cantidad que come, y por la búsqueda del placer como motivación básica: disfrutar viene de fruta, y las frutas son el símbolo concreto de Tauro, naturales, bonitas y sabrosas. Yo resumo todo esto con la frase: “somos todos comedores de sabores”.
Además de las frutas, Tauro rige los productos agrícolas desde los tubérculos (calabazas, zanahorias, cebollas) hasta todas las verduras, conformando la cornucopia o el “cuerno de la abundancia” como símbolo de la Naturaleza. Pero también rige todas las carnes y los fiambres, los resaltadores de sabor y las especias, los aceites, las ensaladas, las salsas, los asados (y los asadores), teniendo a los vacunos y a los cerdos como el summum de lo totalmente consumible.
Tauro participa en el metabolismo a través del movimiento anabólico (constructor de materia y energía) a partir del comer y del descanso, de allí viene la palabra “restaurante”: lugar donde se restaura la energía.
Cáncer: este signo nos muestra nuestra naturaleza mamífera y la lactancia materna como modelo de toda nutrición. Se ha dicho que en la leche ya están los componentes y los sabores que el ser humano buscará toda la vida: el suero (las proteínas), las grasas, los azúcares (los hidratos de carbono), los fermentos, el calcio y las vitaminas, de allí la universalidad de los quesos, los yogures, las mantecas y las cremas o natas. Pero no olvidemos que el principal componente de la leche es el agua: Cáncer son “las aguas fluidas” representadas simbólicamente por las lluvias, las fuentes y los ríos, lo que nos introduce en la necesidad permanente de las infusiones: el café, el té, el chocolate, el mate, los jugos y hasta las cervezas.
Cáncer rige el estómago, ese órgano vacío que pide todo el tiempo que lo llenen, y en donde comienza la digestión, muy sensible a cualquier desarreglo emocional. Tenemos aquí los almuerzos y todas las colaciones en familia, las tradiciones familiares y nacionales del comer, y por supuesto —en el fondo—, la alimentación emocional: las dependencias y los afectos de los vínculos básicos vehiculizados por la alimentación. Además de la lactancia, la cocinera de la infancia quedará marcada como un prototipo de toda nutrición.
Cáncer preside todos los alimentos básicos como el pan, el queso, la leche, el café con leche, los yogures, el azúcar, los dulces, las tortas, la repostería, los bollos, las sopas y los guisos, los huevos, las pastas con harinas blancas refinadas, las papas y la avena: todo lo que se convierta en “papillas”. Las cacerolas y los hornos son bien simbólicos de Cáncer.
Virgo: este signo se revela primero en los cereales y las legumbres: el trigo, el arroz, el maíz, los frijoles, los garbanzos y las lentejas, por poner los más típicos, granos pequeños que exigen plantaciones extensivas y trabajo sostenido, necesidades que crearon la agricultura, que implica técnicas de cultivo, cosecha y almacenamiento. Estos alimentos también exigen elaboración y transformación, sin los cuales no se pueden consumir: molienda, refinamiento, ablandamiento o cocimiento prolongado y procedimientos sofisticados.
Virgo rige todas las hierbas naturales, medicinales o aromáticas, las semillas y las frutas secas, las nueces, y finalmente, todos los alimentos integrales. También rige a los insectos, especialmente a las abejas, obreras en el ecosistema, con la polinización y la admirable producción de la miel. Por supuesto, Virgo tiene que ver con los rituales personales y la agenda de nuestras comidas, las cuatro (o cinco, o seis) comidas del día, al regir todo el planeamiento de la vida cotidiana, el alma de la Casa VI.
Virgo son los intestinos, delgado y grueso, donde continúa la digestión y se produce la asimilación por la absorción de líquidos y nutrientes, procesos químicos y alquímicos durante los cuales se hace el discernimiento de lo que es útil y lo que no, que se encamina a la eliminación. Virgo es la prevención de la salud a través de la racionalización de las comidas, por lo que rige el nutricionismo, que nos revela los componentes de toda nutrición: los hidratos de carbono, los lípidos, las proteínas, las vitaminas, las sales minerales y el agua. Y también rige la dietética con todos los regímenes alimenticios posibles, desde el vegetarianismo y el veganismo, hasta lo opuesto como la dieta paleo o la dieta de los grupos sanguíneos: no importa cuál, régimen es el concepto, y la adecuación de una alimentación saludable al organismo individual, superando los hábitos de la infancia en un verdadero —y difícil— trabajo de reaprendizaje alimenticio.
Capricornio: por su cardinalidad y el hecho de ser el único signo social del trino de Tierra, este signo rige todas las tradiciones y costumbres colectivas alrededor del comer, incluidas las religiosas con sus prohibiciones alimentarias. Dentro de ello, Capricornio rige la circulación de los alimentos en la sociedad, que tiene como primer antecedente las leyes de la distribución de la caza implementadas por el cacique en la sociedad tribal, pasando por el control del excedente de las cosechas por las autoridades del estado (y las clases sociales) cuando sobrevino la agricultura, hasta el comercio, la industria y las empresas de alimentos de la sociedad global en la que vivimos. Dentro de esto, nos enfrenta a todos los problemas de la producción a escala industrial: fertilizantes y pesticidas en las plantaciones y aditivos químicos en los alimentos ultraprocesados.
La Antropología y el Psicoanálisis nos enseñaron la asociación inextricable entre instinto y cultura que se da en el ser humano, que no vive las necesidades biológicas de forma pura como los animales, sino que está moldeado o deformado por las costumbres, reglas y tradiciones sociales, o por la crianza y los complejos inconscientes. Aprendemos que comemos por placer, por ansiedad, por costumbre, por reflejos condicionados, por carencias afectivas, para sentir la barriga llena, por aparentar estatus, y muy poco por hambre natural.
Pero Capricornio en su versión más alta o individuada puede sí llegar a disociar los reflejos condicionados del hambre natural: por su tendencia ascética, su sobriedad, austeridad y frugalidad, Capricornio nos puede revelar —al pasar por el ayuno— la pura necesidad, que es sorprendentemente de muy poca cantidad. Como signo de la voluntad y el autocontrol, puede ir “hasta el hueso” del asunto, revisando, evaluando y conjeturando cuestiones esenciales. El régimen biológico de los bocaditos naturales sin horarios fijos, comer solo lo que el cuerpo (purificado) necesita y a la hora que lo pide, parece ser el ideal, pero paradójicamente es completamente antisocial.
En término de alimentos, tenemos aquí las verduras deshidratadas, los caldos concentrados en cubitos, todos los suplementos dietarios que no son más que alimentos reducidos a polvo, las carnes o pescados salados y secados al sol, y finalmente la propia sal como el cristal prototípico. Como símbolo concreto está la leche de cabra como la más concentrada, pero también la levadura de cerveza y todos los elementos esenciales de la alimentación, aquellos que no pueden faltar —y que el organismo no sintetiza, por ende los necesita “de afuera”—, como los ácidos grasos esenciales (las “grasas buenas”, omega 3 y 6), los oligoelementos y los aminoácidos esenciales que propician los probióticos y prebióticos en el tubo digestivo.
LAS CARAS DE LA TIERRA
Tauro es “la tierra fértil” que está concretizada en la biosfera, dimensión que contiene una asombrosa y admirable biodiversidad (8,7 millones de especies). Primero tenemos la cobertura vegetal donde se produce la fotosíntesis, que es la obtención de la energía de la luz del sol por las hojas y plantas, finalidad y ejemplo de todo alimento, y el comienzo de la cadena alimentaria o trófica: vegetales, animales herbívoros, animales carnívoros (que se comen los herbívoros). El ser humano es omnívoro; yo digo: “somos todos comedores de luz”.
Cáncer es la hidrosfera y el mágico “ciclo del agua”, “las aguas fluyentes” que fecundan la tierra, y los ríos que abastecen a todas las poblaciones. Este signo es representado por el cangrejo, y además por todos los anfibios y moluscos, aquellos animales “entre el agua y la tierra”, como son los caracoles, las tortugas, las ostras y todos los mariscos. Esta asociación indisoluble entre el agua y la tierra está representada por la exaltación de la Luna en Tauro, y por la existencia de agua en todo alimento, que es análoga a la gran cantidad de agua del cuerpo humano. Yo digo: “somos todos comedores de agua”.
Virgo es “la tierra trabajada”, ya no es solo lo natural de Tauro, sino el esfuerzo, las técnicas y las herramientas que suponen la elaboración de la naturaleza, la intervención humana que perfecciona y refina los productos de la tierra. Sería parte de la antroposfera que viene a completar la ecología y que se manifiesta tanto en la contaminación del medio ambiente y las comidas, como en la obtención de alimentos orgánicos en una agricultura sustentable.
Capricornio es la litosfera (o la geosfera), la “tierra seca”, las rocas, las piedras, las arenas y desiertos que conforman la corteza terrestre, y finalmente todo el suelo que es el escenario donde se va a dar el despliegue de la odisea agrícola-ganadera y alimentaria humana. En términos químicos, es tanto el carbono como el nitrógeno: el primero forma parte de la estructura de las plantas y organismos, y el segundo apoya la síntesis de proteínas, y se encuentra tanto en el suelo como en la atmósfera. Estos dos componentes son esenciales para la mineralización de lo biológico, cerrando el ciclo desde Capricornio a Tauro: no es lo mismo el desierto de arena pura (sílice, cuarzo) que la tierra seca lista para ser fecundada por el agua.
MITOLOGÍA
Tauro, Cáncer y Virgo están representados por todas las variaciones de la “Diosa Madre”, respectivamente: Gaia (Gea, Terra), Rea (Cibeles), y Deméter (Ceres), las diosas madres que en el fondo son la Madre Naturaleza y el propio planeta Tierra. Gaia es la diosa primordial que se casó con Urano, el Cielo, y fue madre de gigantes y titanes, incluido Cronos (Saturno); Rea rige la fertilidad y las cosechas, era venerada en cavernas y montañas, y se casó con Cronos, y así se convirtió en la madre de todos los dioses olímpicos; Deméter es así hija de ellos, la diosa de la agricultura, madre de Perséfone, y que por los avatares de una maternidad extremada crea las propias estaciones del año.
Vemos entonces que Cronos está conectado con todas las diosas madres: hijo de Gaia, esposo de Rea, padre de Deméter: Cronos-Saturno es así el propio dios regente y guardián de la Tierra, como el aspecto masculino del planeta, la parte dura, rocosa, primordial, cardinal, la base y el suelo de toda la actividad biológica, lo que simboliza los límites y las posibilidades de realización de cualquier asunto terrestre. Cronos organiza, supervisa, examina y evalúa todos los aspectos de la Tierra, esto es, Tauro y Virgo, y en este esquema, también a su opuesto complementario, Cáncer. Yo llamo a Cronos-Saturno el inspector o fiscal de la Tierra: “premia” o “pone multas” según las cosas estén bien hechas o no.
Y en una vuelta del péndulo, tenemos las “diosas hijas”, que terminan por completar lo femenino del planeta: de Virgo-Ceres, Perséfone (Proserpina), la diosa sacerdotisa del inframundo; de Cáncer-Rea, Selene (Diana), la diosa Luna, regente de la caza, la vida salvaje y la fertilidad; y de Tauro-Gaia, Afrodita (Venus), diosa del amor, el placer y la belleza. Aunque la Luna se usa para dimensionar a la madre en la carta natal, está probado por la historia geológica del planeta y su satélite, que la Luna es hija de la Tierra, pues nació de sus entrañas luego de un colosal choque. De cualquier manera, forman el sistema Tierra-Luna.
LA COMETA Y EL ANCLA DE LA TIERRA

Volviendo a la figura de aspectos de la cometa, tenemos:
Tauro trígono Virgo, trígono Capricornio; Gran Trino de Tierra (triángulo de “Gran Talento”),
Tauro sextil Cáncer, sextil Virgo, Tauro trígono Virgo (triángulo de “Pequeño Talento”)
Cáncer opuesto Capricornio (eje rojo de la figura de la Cometa o Barrilete)
Todos los aspectos azules nos hablan de la fluidez e interconexión en el asunto alimentación: cuando comemos, Tauro, Cáncer, Virgo y Capricornio se manifiestan entremezclando sus influencias al mismo tiempo, predominando una(s) u otra(s) según el caso. Para decirlo en pocas palabras, placer, amor, salud y necesidad-o-sociedad son el “alma mater” de toda comida. Esta fluidez y facilitación también se ve en las predisposiciones problemáticas del acto alimenticio —tan difíciles de cambiar—: las tendencias adictivas del hedonismo de Tauro; las tendencias regresivas del “régimen del amor” de Cáncer, que pueden ir desde la comida chatarra hasta la bulimia, la anorexia o la obesidad; las tendencias obsesivas de cualquier régimen en Virgo, que tan fácilmente entra en cualquier dieta sin conocer el propio organismo; la tendencia a buscar y mostrar estatus social cuando comemos, en Capricornio, que va desde seguir a rajatabla las tradiciones, como a comer comidas de moda o ir a restaurantes prestigiosos.
Lo que puede salvarnos de esa tendencia acomodaticia de los trígonos y sextiles azules es el aspecto rojo de la oposición (los Huber usan la metáfora de “una aguja en el colchón”). Esto se mostraría en la tensión entre las tradiciones sociales, nacionales y familiares versus el trabajo de individuación que promueve Capricornio elevado, lo que lleva primero a cuestionar toda influencia, y luego a encontrar una síntesis o alternancia entre la autodisciplina que llega a la necesidad pura del cuerpo o a una dieta bien apropiada, y la alegría y el placer de vivir que proporciona el comer variado y sabroso.
Un ejemplo de esta tensión estructural está en el antiguo mandato tan extendido de no tirar la comida que sobra (probablemente originado en hambrunas de guerra u otras), de comer todo lo que se sirve en el plato, aunque ya se esté satisfecho, y el hecho irrefutable de que el estómago no es basurero.
La figura del ancla, que yo uso como sobrepuesta a la figura de aspectos que estamos hablando, significa tanto el anclaje literal, el enraizamiento en el planeta Tierra, como la seguridad y la estabilidad en medio de los cambios, las transformaciones, luchas, búsquedas, crisis y tormentas que propician los otros tres elementos: Aire, Fuego y Agua. Stephen Arroyo nos recuerda que no es casualidad que nuestro planeta se llame Tierra, como que el elemento Tierra es el más importante para garantizar nuestra realización en esta encarnación.
Pero el ancla tiene una cabeza, y la cometa tiene un ángulo superior que direcciona la flecha general hacia arriba, Capricornio-Saturno: deberíamos asumir la revisión y el control consciente de la alimentación, para poder “comer para vivir y no vivir para comer”. Esta configuración también trae aparejados los temas del dinero (Tauro), el trabajo (Virgo) y el estatus (Capricornio), los otros temas del elemento Tierra asociados a la comida. El equilibrio entre los signos del ancla (o de la cometa) es lo más difícil y al mismo tiempo lo más importante de estar vivo: un apego excesivo nos agobia, nos aprisiona, nos tortura y nos enferma, y un desapego excesivo nos quita la alegría y la felicidad de vivir en este verdadero paraíso.
BIBLIOGRAFÍA
(1) Quiles, M. (2021): Los Símbolos Concretos; libro de publicación personal, 4ª edición, Mendoza, Argentina
(2) Quiles, M. (2020): Hambre y Ayuno, el Comer y la Espiritualidad: ensayo, publicación personal. Mendoza
(3)) Quiles, M. (2011): Los Aspectos entre los Signos (Un Nuevo Sistema de Aspectos astrológicos); libro publicación personal, Mendoza
(4) Huber, B. y L. (2003): Astrología de la Figura de Aspectos; API Ediciones, España
(5) Rudhyar, D. (1982): Zodíaco, El Latido de la Vida; Ediciones Obelisco, Barcelona

Manuel Ignacio Quiles
Manuel Ignacio Quiles vive en Mendoza, tiene 75 años, es psicólogo clínico retirado formado en Psicosíntesis y profesor de astrología hace 25 años en su escuela Helios. Vivió y se naturalizó en Brasil durante 24 años, hizo Maestría en Salud Y Ambiente, y perteneció a religiones de la Ayahuasca. Es autor de muchos libros y artículos, investigando temas tabús como la infidelidad y la muerte. y desarrollando temas astrológicos como Los Aspectos entre los Signos, Los Símbolos Concretos, Las Cualidades Primitivas y el Pasaje a la Era de Acuario.
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