Por Lu Gaitan
Este texto contiene fragmentos que están en el libro “Lilith, bestias y monstruos” editado por Planeta. Esto no hubiese sido posible sin el trabajo de Demetra George, Liz Greene, Alice Sparkly Kat, Dani Bolaños, Andrés Zaragoza, Laura Pinery y Jesús Gabriel Gutierrez.
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No sabemos bien cuándo nace la astrología, pero sí sabemos que los seres humanos han sentido fascinación por el cielo desde los orígenes de los tiempos. También sabemos que «zodíaco» significa «rueda de los animales» y aparecen una serie de figuras que son mitad humanos, mitad animales. También sabemos que el cálculo del zodíaco tropical se hace en base a los solsticios y los equinoccios, momentos en los que cambian las estaciones; cambia el clima; la flora y la fauna se modifican y también nuestros estados de ánimo. Creo que la astrología tiene la potencia para recordarnos que somos animales humanos y que formamos parte de la naturaleza, aunque nuestra forma de vivir la astrología hoy se vuelva, por momentos, un ejercicio meramente intelectual, lleno de palabras, categorías y muchas pantallas, con una gran desconexión de los cuerpos y los ciclos que nos atraviesan. Pero la astrología es mucho más que eso, tiene una gran potencia simbólica; no solo nos reconecta al cosmos, devuelve la magia a este mundo de objetos inanimados, sino que además nos recuerda que somos animales. Creo que por eso nos fascinamos con ella y la investigamos con tanta pasión, aunque esta motivación sea, en gran medida, inconsciente.
¿Por qué nos interesa el mito de Lilith?
La respuesta es bastante larga, pero la voy a hacer corta. Eso que llamamos «cultura occidental» es una mezcla del legado de Grecia y Roma, que a su vez toma elementos de las culturas matrifocales de la vieja Europa, junto con mitologías guerreras de pueblos invasores, información que viene de Medio Oriente (Lilith, Adán y Eva, y el Génesis) y Lejano Oriente (India, China). Si mezclamos todo eso y le damos un plazo de tiempo de varios miles de años, tenemos como resultado la cultura de Occidente.
Lilith hace su primera aparición formal en un poema sumerio en el 2000 a. C., en la era de Aries. Ahí es representada como un demonio desterrado. En esa misma época, es representada con alas de pájaro, cuernos y patas con garras, también rodeada de leones. Se creía que robaba a los niños babilonios y que era necesario protegerse de ella con amuletos y hechizos. Cuando se escribió la Biblia, Lilith ya era el símbolo máximo de los demonios de Medio Oriente. Es mencionada en el libro de Isaías, donde se la describe viviendo en lugares desolados y se la compara con un búho. Lo del búho es interesante, porque es un animal que acompañaba a la diosa Palas Atenea, encarnación de la estrategia y la sabiduría. El búho y la lechuza luego aparecen vinculados a la magia y la brujería, por ser animales nocturnos y tener la capacidad para ver más allá. En el Talmud, la compilación de la ley religiosa judía escrita entre los años 500 y 600 d. C., se describe a una Lilith que tiene alas, melena larga, unos aires de vampiresa que hacen visitas a los hombres por la noche; mientras estos dormían, los llevaba al orgasmo y con su esperma creaba grandes cantidades de hijos ilegítimos y demonios. Por esta razón, el consejo que recibían los hombres era que nunca durmieran solos. Lilith fue la primera mujer de Adán, según un estudio medieval que fue escrito en algún momento entre el 700 y el 1000 d. C. En el libro donde aparece Lilith como esposa de Adán, se mezclan los relatos del folclore oral judío y la versión que aparece en el Génesis. Al parecer, Lilith y Adán tuvieron varios problemas. En una versión, Lilith quería tener sexo estando arriba de él y él no quiso. En otra, Lilith fue violada. Por una razón o por otra, ella fue expulsada del paraíso. Además, hay otra versión que dice que llamó a Dios por su nombre. Es decir, lo trató como un par. Simplificando un poco el asunto, el conflicto de Lilith es con el padre y, en consecuencia, con las figuras de autoridad.
Otro dato interesante es que Adán fue quien nombró a los animales. O sea que el primer varón de nuestra historia es quien tiene la potestad para nombrar y dar entidad a otros seres. De este modo, Adán es quien los reconoce (o los desconoce), como sucede con los hijos en nuestra sociedad. Mientras tanto, Lilith es echada del Jardín del Edén y queda tomada por la rabia. Ella se va al Mar Rojo y tiene sexo con los demonios en una orgía gigante y, como forma de venganza por haber sido expulsada, se dedica a matar bebés recién nacidos. También es acusada de brujería. Así fue como Lilith se convirtió en un demonio digno de temer, que a su vez es el arquetipo de la mujer vengativa, hipersexual y mata bebés. En las escrituras sagradas y herméticas judías, se menciona a Lilith como la Shekinah, que significa «la presencia divina» o «la gloria de Dios». Entonces, según esta versión, Lilith nos lleva a entrar en contacto con lo luminoso y sutil que hay en cada una de nosotras y en el mundo. Ella conecta con lo espiritual sin intermediarios ni instituciones; no es el costado religioso, sino el místico. Cuando Lilith llama a Dios por su nombre, cuando lo tutea, lo está tratando como un par, no como un ser superior o una fuente de autoridad incuestionable. Ella tiene, por sí misma, la capacidad para conectar con lo divino, más allá de los sacerdotes, las instituciones o las normas de cómo hay que vivir la espiritualidad. Ella es encarnación de lo divino, no necesita el reconocimiento del Dios padre. Esto es fundamental en la historia de Lilith y en la forma que tenemos de concebir lo divino. Para el judeocristianismo y para las religiones patriarcales, la divinidad está en el cielo. Incluso muchas veces para la Astrología, la vida en la Tierra es dura y sufriente, la materia está inanimada y la naturaleza es un objeto sin alma que puede y merece ser utilizado. La visión de las culturas ancestrales de este mundo, del paganismo y la magia es que todo lo que existe en este plano tiene alma. Entonces, si tiene alma, cosificarlo y convertirlo en un objeto de explotación es un problema. Por eso, la visión que sostiene que Dios está en el cielo es compatible con el desarrollo de nuestro modo de producción. En cambio, la visión de un mundo con alma no lo es. El árbol, la vaca, la piedra, la lluvia, el viento, la serpiente, vos y yo tenemos la misma jerarquía divina. Esto aparece en el relato de Lilith cuando llama a Dios por su nombre, cuando cae en el mar y tiene sexo con los demonios, cuando es representada junto a las serpientes y también cuando el arquetipo de Lilith se hace presente en las brujas de la Edad Media. Además, Lilith viene de la palabra «Lil», que significa «viento, aire o espíritu». En su nombre ya están implícitas la libertad y la independencia, eso que nuestro modo de producción, nuestras instituciones y nuestra cultura les quitó a las mujeres, las feminidades, y a los animales.
En el siglo XII en España, Lilith no solo era concebida como la primera esposa de Adán, sino como la consorte de Satanás, una mujer demonio seductora que atacaba por la noche. De este modo, Lilith encarna tanto la energía yin, como la yang. Durante la Edad Media, las brujas tenían ritos de adoración a la naturaleza y a diosas como Artemisa y Deméter. Estas diosas formaban parte de los cultos de la Europa prepatriarcal, de las culturas matrifocales, en el tiempo que va desde la era de Cáncer hasta la era de Tauro, esa época de la que no tenemos demasiado registro colectivo en la actualidad, pero que, hasta la modernidad, sobrevivía de modos más o menos ocultos en los ritos paganos. Las brujas se reunían en los aquelarres y consumían hongos que abrían la conciencia, tenían sexo entre ellas, se travestían, adoraban a los animales y a toda la naturaleza. De hecho, la palabra «mascota», que refiere a los animales domésticos, viene de «masca», que significa «bruja, hechicera». Entonces, «mascota» nos remite, de algún modo, al encuentro con lo misterioso, pero también nos lleva al vínculo con las mujeres y feminidades.
Lilith en la Astrología
Cuenta la leyenda que, a finales de la década de 1970, astrólogas feministas empezaron a investigar el punto en la órbita de la Luna más alejado de la Tierra conocido como «apogeo» y lo llamaron Lilith. Hay múltiples interpretaciones sobre lo que significa Lilith en la carta natal. Por mi parte, creo que Lilith nos habla de nuestro costado salvaje, indómito, brujo, libre y bestial que no acepta ser sometido y eso se puede manifestar en la expresión de la rabia y el deseo sexual que no responde a la norma pero también en la vía mística, es decir, la vivencia directa de lo divino y, en su dimensión intelectual, son las teorías que sacuden nuestra forma de entender el mundo.
Algo técnico
Lilith está nueve meses en cada signo y tarda nueve años en dar una vuelta completa. Hay varias formas de hacer el cálculo de Lilith, yo uso el punto más alejado en la órbita de la Luna, llamado «apogeo». Este punto no retrograda y es el que aparece en las efemérides astrológicas. Lilith y sus movimientos no solo están asociados a nuestras rabias y al deseo sexual que no se calma con nada, también están vinculados a las demandas de los movimientos feministas, ambientalistas, indígenas, LGTTBIQ+ y antiespecistas. Cuando Lilith está en aspecto a alguno de los planetas personales, se siente y se percibe a gran escala. Si tomamos el Eclipse en el signo de Libra en conjunción a Lilith que se dió el 2 de octubre de 2024, nos encontramos con una serie de eventos lilithianos: en Argentina hubo una protesta masiva en contra del ajuste presupuestario a la Universidad Pública; Claudia Scheinbaum asumió como la primera presidenta mujer de México; escaló el conflicto en Medio Oriente; los candidatos a vicepresidente en Estados Unidos discutieron acaloradamente sobre inmigración y crisis climática y la comunidad europea se movilizó para apagar los incendios masivos en Grecia.
A nivel individual, es interesante observar que el ciclo completo de Lilith dura nueve años, entonces, cada nueve años reaparece la fuerza de este arquetipo. A los nueve años de edad, atravesamos ese umbral que los antroposóficos llaman «el Rubicón», un momento de la vida donde aparecen las grandes preguntas existenciales. Es el momento durante el cual los nodos lunares están opuestos a sí mismos. Luego, a los dieciocho años, momento de la vida en el que solemos elegir una carrera, o al menos intentamos hacerlo. Es una instancia en la que nos proyectamos hacia el futuro. En mi experiencia, a los dieciocho años somos muy jóvenes para tomar una decisión que sea sostenible en el tiempo, pero sí creo que son momentos de mucha sinceridad y gran contacto con el alma, aunque no siempre tenemos la fuerza para jugarnos por eso que sentimos. Este es el momento en el que solemos tener el retorno nodal. Luego, a los veintisiete años, vuelve a aparecer Lilith, justo en el momento previo al retorno de Saturno, etapa de la vida en la que solemos atravesar el umbral de la madurez, dejamos de ser hijas y pasamos a la adultez energética. A los treinta y seis años, tenemos el retorno de Lilith, momento en el que también tenemos el retorno de Júpiter. Este es un momento de la vida en el cual, otra vez, aparecen las preguntas por el sentido de la vida y el propósito. Yo no creo que exista un único propósito, creo que son múltiples y que, en cada etapa, vamos encontrando qué es lo que nos apasiona, nos inspira y entusiasma. A los cuarenta y cinco años, Lilith vuelve a retornar y muy cerca de ese retorno, tenemos la oposición de Urano con Urano. Simplificando, es el momento de la crisis de la mitad de la vida, el momento en el que queremos dejar de ser personas obedientes y hacer lo que tengamos ganas. Como vimos, el ciclo de Lilith está vinculado a los nodos lunares, dos puntos que también están en la órbita de la Luna y que han sido muy estudiados por la astrología kármica, esa rama que se dedica a investigar el vínculo entre vidas pasadas y esta encarnación, o las memorias de nuestros ancestros y nuestra posición en el árbol al que pertenecemos. Los nodos lunares están presentes cada vez que hay eclipses, y estos tienen un rol fundamental en el plano personal, pero también colectivo. Me gusta pensar que los eclipses son aceleradores kármicos o catalizadores, porque empujan lo que estaba a punto de suceder. Los nodos y Lilith movilizan fuerzas que están ocultas a la conciencia pero que, cuando tenemos el coraje de mirarlos a la cara, sabemos que tienen mucho para decirnos.
Simplemente me voy a remitir a todo lo que pasó en el eclipse del 2 de octubre que tuvo a Lilith como protagonista. Los nodos lunares son dos puntos que están exactamente opuestos. De manera simplificada, suele decirse que necesitamos desarrollar el nodo norte y dejar atrás el nodo sur. En esta línea, aparecen algunas interpretaciones que sostienen que Lilith es una suerte de nodo sur que tenemos que abandonar y dirigirnos al punto opuesto, Príapo, que es una suerte de nodo norte. En la mitología, Príapo es el dios de la fertilidad y tiene un falo enorme. Es el que curaba el mal de ojo y protegía las cosechas. Es interesante que luego las mujeres sean las encargadas de curar el ojeo y también las acusadas de destruir las cosechas en tiempos de la caza de brujas. Otro asunto que también me llama la atención es que Deméter era la diosa de las cosechas y su figura viene desde el tiempo de las culturas matrifocales de la vieja Europa.
Lilith, la síntesis de varios indicadores
Lilith reúne la potencia de Venus, en tanto arquetipo de la mujer amante e hipersexual; también tiene algo de la Luna, como arquetipo vinculado a las emociones, el misterio y los ciclos; tiene un poco de Marte, por los enojos y la capacidad para romper; tiene unas dosis de Urano, porque su comportamiento es disruptivo y no acepta someterse; tiene otro tanto de Neptuno, por la información que viene de vidas pasadas y por el misticismo; por último, creo que tiene algo de Plutón, porque nos lleva a la rabia profunda, la potencia de la sexualidad y el esoterismo. Entonces, Lilith, en la carta natal y en los tránsitos, nos habla de nuestros deseos más profundos, de nuestro costado guardián que se activa en situaciones de conflicto, el costado rebelde, la espiritualidad más allá de toda institución, los enojos de nuestras ancestras o de vidas pasadas por haber vivido en esta sociedad y nuestro deseo por transformar todo a nuestro alrededor, incluso en ámbitos académicos o intelectuales. Otra posibilidad es que se manifieste en contra de persecuciones étnicas, problemas asociados al territorio, el maltrato animal o la destrucción de los ecosistemas. Después de todo, Lilith vivía en el jardín del Edén, un espacio-tiempo donde estos conflictos no existían. Si me lo preguntas a mí, voy a decirte que ese Jardín del Edén existió y fue el tiempo de las culturas matrifocales y la religión de la Diosa, un tiempo y una forma de organización que duró unos cuantos miles de años. Sobre todo esto hay evidencia arqueológica y es parte del trabajo de Marija Gimbutas, una arqueóloga lilithiana que trajo muchos problemas en la academia cuando demostró que hubo una época en la que la humanidad priorizaba la paz por encima de la guerra, la Naturaleza era Dios y las mujeres ocupaban lugares centrales en la comunidad. El mito de Lilith está hablando de algo que sucedió durante la Era de Aries: las culturas matrifocales y la religión de la Diosa fueron expulsadas de sus territorios y se instalaron los dioses varones celestes, el principio de la guerra, y las mujeres pasaron a ocupar lugares secundarios o sufrientes.
Como Lilith es un indicador que está en investigación, aún no está definido qué signo rige. Pero sí podemos decir que Lilith va a estar cómoda ahí donde Luna y Venus, según la astrología tradicional, están en la caída o en el exilio. Para la astrología tradicional, la Luna está incómoda en Escorpio y en Capricornio. Por su parte, Venus, si se ubica en Aries, Virgo o Escorpio, está tensa. Estas categorías no son definiciones neutrales: responden a los mandatos de la época en que nacen estas categorías, el tiempo de la Era de Aries. En esa línea, Lilith va a estar en su casa en cualquiera de esos signos, porque estará conectada a su propio deseo, a su costado aguerrido y disfrutará de su independencia. Si tenés Sol, Ascendente o Luna en cualquiera de esos signos, también vas a tener una resonancia con el arquetipo de Lilith.
Finalmente
Creo que una de las tareas de este tiempo complejo implica revisar nuestros orígenes, nuestras raíces, para que crezcan nuevos frutos del árbol del conocimiento, pero también para que podamos vivir de otro modo. Por eso creo que es fundamental situar el conocimiento astrológico. Es decir, revisar en qué momento surgieron las interpretaciones que hacemos para poder escribir nuevos relatos. Estos relatos no van a nacer de un momento a otro, espontáneamente, sino que surgirán de la revisión histórica de los mitos que le dan sentido a nuestra humanidad. Después de todo, somos animales simbólicos, animales cósmico-políticos que necesitan de las narrativas para vivir.

Lu Gaitán
Lu Gaitán es astróloga y politóloga. Además, ha investigado sobre el Tarot, los Registros Akáshicos, el Yoga, la Medicina de Plantas. En el último tiempo, ha profundizado en los estudios de género, animales y ambiente.
Contacto: @lu.gaitan (IG y Facebook) – www.lugaitan.com


